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viernes, septiembre 25, 2026
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“Air Force One”

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“Air Force One”El Presidente Electo de los Estados Unidos, Donald Trump, ha ordenado la suspensión de una orden de compra a la Boeing –la mayor fabricante de aviones del mundo–, de un nuevo modelo del Jet presidencial “Air Force One” por un valor superior a los cuatro mil millones de dólares.

Posteriormente, se ha llegado a un acuerdo para reducir los costos del aparato, pero en ningún caso la reducción del precio será significativa, con el agravante de que se trata de una orden irreversible colocada hace casi tres años con aspiración de que el nuevo avión esté listo en el año 2021, concluyendo el período presidencial de Trump.

Desde ahora han comenzado a llamarle “la bestia del aire”, en alusión al sugestivo nombre que hace mucho se le ha dado al carro súper protegido –al estilo “Batimóvil” en forma de limousine–, diseñado por la General Motors para la movilidad terrestre del Presidente norteamericano.

El comentario viene a propósito de la compra de un avioncito para la detección de lanchas rápidas que transportan drogas en las proximidades de las costas dominicanas y que ha escandalizado a los mojigatos porque le está costando al Estado unos 900 mil dólares.

¿Y si el Estado se atreviera a comprar un avión de uso múltiple para garantizar la movilidad segura del Presidente de la República, como ocurre en casi todas partes del mundo?

Probablemente él –el Presidente–, y todo su gabinete tendrían que asilarse en la embajada de TogoÖ

Lo que dijo Leonel
Muy temprano en su primer período de gobierno en 1996, acompañé al entonces novel presidente Leonel Fernández a una Cumbre de Presidentes celebrada en México, que casi estrenaba también al presidente Ernesto Zedillo después de una accidente gestión de Carlos Salinas de Gortari.

Llegando en las primeras horas de una tarde brumosa en la altiplanicie de la capital azteca, hubimos de esperar que un pequeñito avión en que arribaba la delegación dominicana atravesara el mal rato de ser confundido con uno de los aviones escoltas de la delegación presidencial venezolana que llegaba en avión presidencial propio “como Dios manda”.

En su proverbial humildad, Leonel no le dio importancia a ese incidente que no tuvo mayor trascendencia porque arribamos “a la hora convenientemente exacta” para estar a tiempo en los protocolos de recibimiento con los debidos honores de jefe de Estado.

Para la prensa internacional, sin embargo, no se trató de algo intrascendente, y algunos periódicos quisquillosos de la época hicieron mofa de la confusión protocolarÖ La noche de ese mismo día –en un encuentro informal de Leonel en la suite de su hotel con algunos miembros de su delegación–, le hice la pregunta: ¿Por qué el Estado dominicano no adquiere un avión para el Presidente?

Una respuesta rápida
Leonel lo pensó por unos segundos, pero su respuesta fue concluyente: ¡Si hago eso, don César, me crucifican! Y a seguidas expresó: “Esta es mi segunda salida como Presidente, y ya me la están contandoÖ”.

Así había pasado… Leonel había comenzado a modificar desde la Presidencia la política aislacionista de Balaguer –que casi no salía del país no sólo por sus dificultades motoras sino también por el hábito trujillista de no separarse mucho de la “Silla Presidencial”–, y en apenas unos meses había hecho dos salidas oficiales.

Un periódico vespertino comenzó a contar esas salidas como si se tratase de escapes presidenciales, y al terminar ese mandato el conteo se detuvo en cuarentisiete. Desde entonces es mucho lo que ha llovido.

Quizás este dato sirva para algo: ¡Con lo que el Estado ha pagado desde entonces en alquiler de aviones para los viajes presidenciales, se compra una “bestia del aire” y sobran dólares…

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