sacerdote acusado de violacionesSANTIAGO, República Dominicana.Las revelaciones hechas por un niño de 11 años, que contó a sus padres como el sacerdote Wojciech Gil (Alberto) le manoseaba sus órganos genitales, fueron el detonante del escándalo que sacude a la Iglesia Católica en el distrito municipal de Juncalito.

Por lo menos 14 familias se han querellado contra el sacerdote de origen polaco y miembro de la Congregación de los Miguelistas, bajo la acusación de violación homosexual de niños y adolescentes.

Al menos uno de los padres de los niños presuntamente  agredidos sexualmente por el sacerdote formalizó su querella este viernes en el departamento de Género y Violencia Intrafamiliar, Santiago.

El querellante, es Ramón Bonelly, padre de un infante de 11 años de edad, a quien su hijo habría contado que el sacerdote le manoseaba sus partes íntimas y que lo acostaba en su cama, entre otros hechos.

El escándalo ha generado estupor en la comunidad donde el sacerdote atendía a la feligresía católica.

Según personas vinculadas a los niños violados, el cura les prometía a los menores viajes a Polonia y a otros países de Europa. En algunos casos el sacerdote llegó a cumplir, según los testigos de las comunidad serrana.

Este viernes, 31 de mayo, también trascendió que  en el Arzobispado de Santiago, presidido por el arzobispo Ramón Benito de la Rosa y Carpio, se recibió un comunicado del Superior de la Delegación del Caribe de los Padres Miguelitas, en nombre de la Congregación San Miguel Arcángel, en  el cual se da cuenta de la suspensión del predicador Wojciech Gil Alberto.

“Nos consta que dicha institución, de la cual depende el padre Alberto, y que es la autoridad competente según las normas de la Iglesia, en el momento en que se hizo público este caso, el padre Gil se encontraba en Polonia, su tierra natal, coincidiendo con las vacaciones que le corresponden cada año; pero su Congregación le ha pedido que retorne cuanto antes al país para responder ante esta situación”, se establece en el comunicado.

También se le habría pedido a las autoridades judiciales competentes que lleven a cabo las investigaciones correspondientes hasta las últimas consecuencias, de acuerdo a las leyes dominicanas.

Según afirmaron en la comunidad, el padre Alberto Gil, párroco de la iglesia San Antonio de Padua, tenía a su cargo a 180 niños, a los cuales “formaba en tareas de rescate”.

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