Puerto Plata.- La vieja cultura de cero preguntas a las iniciativas que algunos consideran fundamentales para este destino, parece estar en marcha en esta ciudad a propósito de los cuestionamientos a las obras de la puntilla.

Los defensores de esas obras entienden que cualquiera que ose cuestionar esa iniciativa y la forma cómo se ejecuta sería poco menos que un paria, que se atreve a cuestionar la verdad absoluta de la existencia divina o algo por el estilo.

Cuando Juan Ramón Tavarez inició sus cuestionamientos a la destrucción que se ejecuta en la puntilla pocos analizaron los alcances de los cuestionamientos que hacía el político oficialista, más bien, consideraron necedad sus planteamientos.

Lo que ha quedado demostrado con el pasar de los días es que, 5 años no fueron suficientes para que el ministerio de Turismo, el departamento de planificación de ese ministerio y posteriormente, desde el año pasado, los ingenieros ganadores, de rebote del concurso, pudieran obtener los permisos, dar a conocer los alcances del proyecto y poner al tanto a la población del mismo.

Poco parece importar cuál será el nuevo emplazamiento de la estatua ecuestre del general Gregorio Luperón, el monumento a las víctimas del accidente aéreo del 1996 o el busto de Antonio Maceo, donde lo pongan allí estarán bien, al fin y al cabo lo decidieron las mentes preclaras del ministerio o de algún profundo cenáculo de la capital.

Algunas reacciones recuerdan hechos del pasado reciente.

Cuando a raíz de la destrucción del monumento a los héroes de Luperón del año 1949 en el parque de la Libertad, Ultimo Diario cuestionó la acción y el proceder de las autoridades municipales, se cuestionó hasta el derecho de este medio y su director a pedir que se respetará la memoria histórica.

Un reputado comunicador saludó de forma socarrona al director de este digital diciéndole, “que dice ese héroe”, por el solo pecado de pedir que se respetara el referido monumento, cuestionar la decisión del santo barón alcalde de esta ciudad parecía un pecado capital.

Cuando el país entero reaccionó a la publicación inicial hecha por este medio pareció cambiar el panorama. Ya no era sólo una necedad de Ultimo Diario.

Todo parece indicar que el ejercicio democrático dominicana aún tiene amplios tramos que transitar donde no sea pecado reclamar, inquirir, demandar de quienes realizan obras con fondos públicos la debida información a la ciudadanía y el poner de manifiesto la verdad y el alcance de los proyectos que se realizan.

Los intocables deben ofrecer detalles de los proyectos.

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via: UltimoDiario.Com

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