DIARIO PUERTO PLATA. -El arroz, alimento esencial en la mesa dominicana y sustento de más de 30 mil productores en 14 provincias, atraviesa una de sus peores crisis en décadas. Lo que comenzó como una preocupación por las importaciones desmedidas se ha convertido en una amenaza directa a la soberanía alimentaria, la estabilidad rural y la ética institucional.
En lo que va de 2025, se han importado más de 4.7 millones de quintales de arroz, superando con creces los límites establecidos por el DR-CAFTA. Mientras tanto, las cosechas nacionales se acumulan sin ser recibidas, los pagos a los molineros están atrasados, y el Programa Nacional de Pignoración, creado para proteger al productor, ha sido desviado para beneficiar a importadores. Esta distorsión del sistema ha generado un colapso operativo y financiero en el sector arrocero.
¿Quién pierde y quién gana?. Los productores pierden: sin capital de trabajo, sin recepción de cosechas, sin garantías de comercialización.
Los consumidores pierden: el arroz importado no siempre cumple con los estándares de calidad ni con el arraigo cultural del arroz criollo.
El país pierde: se debilita la seguridad alimentaria y se erosiona la confianza en las instituciones.
¿Y quién gana? Un reducido grupo de importadores que, con permisos especiales y beneficios fiscales, han convertido la necesidad nacional en negocio privado. Algunos sectores lo han calificado como una “mafia institucionalizada”.
Propuestas urgentes
Desde la ciudadanía activa y la vocación pública, proponemos:
- Declarar el subsector arrocero en estado de emergencia nacional.
- Prohibir toda importación de arroz durante los años 2025 y 2026.
- Repatriar el arroz extranjero que aún permanece en los muelles.
- Pagar de inmediato las deudas del programa de pignoración.
- Activar factorías pequeñas y racionalizar la siembra con enfoque territorial.
- Indemnizar a los productores que han perdido su inversión y cosecha.
No es solo arroz: es identidad, es dignidad
Defender el arroz dominicano no es un capricho agrícola. Es defender el trabajo honesto, la cultura alimentaria, la economía rural y el derecho de cada dominicano a consumir lo que su tierra produce. Es también un llamado a la ética pública, a la transparencia y a la gobernanza con propósito.
Desde Esperanza, Valverde, donde el arroz no solo se cultiva sino se honra, levantamos la voz por quienes aún creen en el valor de sembrar con fe y cosechar con justicia.




