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#InseguridadCiudadana: El arma, de los desalmados.

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“El sin alma”, expresión frecuente que cubre en ocasiones impotencia o rechazo sobre aquellos que su accionar no se corresponde a los principios o valores que reflejan la permanencia y el desarrollo humano de la persona. En otro sentido quienes creen en la perpetuación de la vida en la muerte, y se refieren al alma como lo único que permanece luego de la pérdida física del individuo. Y sin pecar de radicalismo se puede decir que un “sin alma” es aquella persona que ya en vida la ha perdido, y  de encargan de dañar, y perturbar la vida de los demás.

Tomar tal o cual postura sobre la existencia o no del alma, no es asunto de este escrito ya que implicaría un análisis más profundo. Lo que buscamos es establecer una crítica social, a quienes se apoderan de la inseguridad ciudadana y afectan la vida de las personas en todo el ámbito nacional.

El flujo de la información de nuestros tiempos hace que cualquier cosa se pueda saber al instante, pero se conoce muy poco o se maneja con cierto escepticismo los datos reales sobre los niveles de inseguridad oficiales en las naciones de América Latina. En ese sentido basamos nuestro escrito en el Informe del PNUD 2013-2014 “Seguridad ciudadana con  rostro humano”. Según este informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, los datos administrativos oficiales de los gobiernos de Latinoamérica resulta sustancialmente menor al que muestran las encuestas realizadas por diversos organismos internacionales.

Si bien es cierto que el estado Dominicano, ha venido realizando mejoras sustanciales para reducir los altos niveles de inseguridad reinante en el país, no menos cierto es que, todavía contamos con que un 59% de dominicanos limitan sus lugares de recreación por la inseguridad reinante superando en 29% la media de América Latina, según los datos del informe LAPOP-PNUD 2012. (Cabe destacar que estos datos fueron tomados antes de efectuarse el Plan de Seguridad Ciudadana de la actual gestión.)

Y nos preguntamos: ¿Y es qué en pleno siglo XXI, todavía una democracia como la nuestra, no puede disfrutar del pleno ejercicio de sus derechos como el libre esparcimiento, por temor a ser víctima de estos “desalmados”?

Los “sin alma” se encuentran armados del temor colectivo de la mayoría a ser víctima de la violencia, robos o atracos, de la falta de seguimiento y control de los agentes delictivos de la Policía Nacional, de la ligereza con la cual se manejan algunas acciones del Ministerio Público (Solo debemos recordar el caso de la Ing. Francina Hungría), y muchas otras armas que según el informe representan costos negativos en la vida y el bienestar de las personas, en sus comunidades y sus instituciones y también está relacionada con los déficits y los desafíos del desarrollo humano en América Latina.

Es por ello que el informe del PNUD describe en su parte final 10, recomendaciones para una Latinoamérica segura, de las cuales República Dominicana ha avanzado en la realización de algunas de éstas, en cambio en otras nos encontramos rezagados. Sólo mencionaremos las recomendaciones que no se implementan en el país y nuestro parecer sobre las mismas.

  • Alinear los esfuerzos nacionales para reducir el delito y la violencia, con base en las experiencias y lecciones aprendidas.

Resulta imperativo que las naciones como la nuestra, que se encuentran sumidas en niveles casi insostenibles de inseguridad ciudadana, enfocar y sobredimensionar el alcance de los planes de seguridad  en el perfil del ente ejecutor del delito o el crimen. Sabemos que la delincuencia actúa de forma heterogénea en la sociedad y es por ello que los planes de seguridad ciudadana se concentran en las provincias de mayores niveles de inseguridad pero se hace incongruente que los gobiernos locales no elaboren políticas públicas que guarden consonancia con los planes a ejecutar por el gobierno central, y viceversa.

  • Potenciar la participación activa de la sociedad, especialmente de las comunidades locales, en la construcción de la seguridad ciudadana.

La sociedad en su conjunto debe propiciar e involucrarse en las políticas de seguridad ciudadana del estado y de los gobiernos locales. El informe del PNUD plantea: una participación efectiva de las comunidades en la identificación y diagnósticos de las necesidades a nivel local. También crear incentivos para que las universidades y los centros de investigación realicen evaluaciones independientes sobre políticas de seguridad.

Las universidades del país deberían tomar como una máxima la realización de estudios e investigaciones independientes en materia de seguridad ciudadana ya que la población universitaria constituye el máximo foco de victimas de atracos en América Latina.

  • Incrementar las oportunidades reales de desarrollo humano para los jóvenes.

La desigualdad, la propia realidad que les ha tocado vivir y la falta de oportunidades reales para los jóvenes constituyen el “talón de Aquiles” para el desarrollo humano de nuestros jóvenes.  Lo que hace que la juventud sean las principales víctimas y victimaros de la violencia. Lo que debe generar la creación de políticas públicas de juventud que les proporcionen las herramientas necesarias para el buen desarrollo de sus competencias y capacidades en cualquier ámbito de la vida.

Debemos trabajar para que ellos tenga todo lo necesario y que no se mencione la frase que cita: ¨Si lo único que tienes es un martillo, pensaras que todo lo que veas es un clavo¨.

  • Salvaguardar activamente los derechos de las víctimas.

El daño sicológico, el temor y las demás reacciones que resultan de la inseguridad, de la ocurrencia de robos y atracos  representan un punto focal donde a través del MIP se pueden realizar diversas estrategias con personas capacitadas en distintas áreas del saber, para ir a los núcleos de estos males, a las zonas donde existen vulnerabilidades y lograr transformar los patrones conductuales que impiden el buen desempeño de estos agentes en su rol como ciudadano.

 

El desalmado ya tiene su arma, la inseguridad, nosotros poseemos miles de herramientas para darle una patada a la inseguridad reinante. Y no es la violencia, es la paz, el amor y la construcción de una cultura ciudadana. ¿Qué esperamos?

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POR: Bismark Lantigua

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