Frontal xxxxxTal vez como Estado hemos dejado que el tema haitiano haya llegado demasiado lejos, al no definir en años una política clara respecto de Haití en función de nuestros intereses nacionales, lo que ha prohijado una serie de malas practicas que mas que realidad, asemeja un drama kafkiano.

En cuanto a política exterior hemos sido por tiempos el házme reír del mundo, con delegaciones diplomáticas que superan en numero de integrantes, en algunos casos, al de las delegaciones de Estados potencias; sin embargo y muy a nuestro pesar, no hemos presentado un solo proyecto de envergadura en algunos de los tantos foros multilaterales a que pertenecemos.

Por otro lado en el orden geográfico contiguo desaprovechamos la oportunidad de tener el mejor laboratorio de práctica para la diplomacia que la providencia podría presentar a nación alguna que es tener a Haití como vecino; pero imagine usted, hemos vivido siempre a la defensiva en los temas respecto a la vecina nación, tan blandengues y pusilánimes que no hemos sido capaces de controlar nuestra propia frontera, cediendo ese derecho natural, a las ONG y a algunos organismos internacionales.

Pero es mas tétrico aun cuanto que incapaces de administrar el tesoro nacional, el dinero no nos da, y reiteradamente recurrimos a la comodidad de empréstitos para todo, hasta para financiar el presupuesto ordinario de la nación, sin visualizarse objetivos significativos logrados, lo que lleva a una visión dudosa de desarrollo, lo cual coadyuva a castrar la libertad de decisión de nuestro Estado en temas diversos inclusive aquellos sensibles a la misma identidad nacional y su existencia.

Ante este sombrío y desolador panorama de indefensión de la nación dominicana, las élites del vecino del oeste han hecho lo que siempre han solido hacer, explotar entre otras debilidades: la vulnerabilidad institucional que se manifiesta, en la carencia de una agenda nacional sentida y compartida por todos los ciudadanos dominicanos; la carencia de una política exterior vigorosa acorde a nuestro nivel y de un cuerpo diplomático profesional, así como aprovechar y usar a su favor el temor global que hemos mostrado sobre la cuestión haitiana.

Todo esto nos dice que se impone destrozar ese maniqueísmo desastroso y empezar a trabajar para levantar la moral del pueblo dominicano con acciones que muestren un sentimiento de honor, de respeto, de amor patrio, arraigo en nuestras tradiciones, y que vamos a enderezar todo lo que esta a la fecha torcido. Pero para que esto suceda nuestro Estado tiene que salir de esa dualidad de la que tanto habló Manuel Arturo Peña Batlle y jugar su rol como tal, en la defensa de los mejores intereses nacionales.

No le luce a ningún gobierno dominicano y en especial no le luce a un gobierno del Partido de la Liberación Dominicana el permitir que en su mandato se vulnere el concepto de identidad nacional.

¿Usted que piensa?

 

Por Alfredo de la Cruz

En twitter somos @AlfredoBortR

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