ALFREDO DE LA CRUZEl enfoque más antiguo adoptado para abordar el tema fronterizo es el diplomático y político, que es la consecuencia del carácter progresivo de un trazado oficial establecido. Desde la época de la colonia hasta el presente la cuestión fronteriza ha jugado un papel esencial en un tipo de relaciones estereotipadas que tienden a oscurecer en vez de arrojar luz sobre esta.

Pensadores diversos han escrito sobre este espinoso tema, del lado haitiano se destaca a Jean Price Mars, que a decir de algunos críticos, constituye la respuesta más acabada de la intelectualidad haitiana al desprecio, que de acuerdo con estos, sentía la elite dominicana del período trujillista.

Del lado dominicano Emilio Rodríguez Demorizi, intelectual de trascendente labor documentalista, en su obra “La era de Francia en Santo Domingo” y Arí
stides Sócrates Henrí
quez Nolasco, uno de los máximos cultores del relato criollista dominicano de mediado del siglo XX, en su obra, “Comentarios a la Historia de Jean Price Mars”, ambos textos de 1955, cuestionan los argumentos fundamentales y los puntos de vista de Price-Mars en torno a los rasgos distintivos de las colonizaciones española y francesa de la Isla Española, la formación étnica y cultural de los dos países que la comparten, y los orígenes de la Revolución Haitiana y sus consecuencias sobre la parte española de la Isla.

Rodríguez Demorizi y Sócrates Nolasco, contradicen a Price-Mars respecto de las causas de la ocupación de Santo Domingo por los ejércitos haitianos en 1822, de las implicaciones que tuvo a largo plazo la dominación haitiana que se extendió hasta el año 1844, y de las intenciones de Haití de recuperar su dominio sobre la República Dominicana luego de que ésta se convirtió en una nación independiente.

En lo que respecta al siglo XX, Rodríguez Demorizi y Nolasco debaten sobre el problema fronterizo y la masiva inmigración de haitianos hacia la República Dominicana, la que consideran, en coincidencia con Price-Mars, una amenaza a las relaciones pacíficas entre los dos Estados. En el fondo de estas polémicas están las concepciones prevalecientes en Haití y en la República Dominicana respecto de la identidad nacional.

También es importante citar la defensa de intelectuales y políticos nacionalistas conservadores como Manuel Arturo Peña Batlle y Joaquín Antonio Balaguer Ricardo, que consideraron como una influencia perniciosa, el flujo de haitianos que se manifestaba mediante el establecimiento de estos a lo largo de la línea fronteriza entre los dos países, y a través de la migración estacional de braceros que acudían a trabajar en las plantaciones azucareras, ya que corrompía la esencia nacional de la República Dominicana.

Tradicionalmente en las relaciones de la República Dominicana y la República de Haití, la frontera ha sido un lugar de paso, y el interés estratégico geopolítico ha impuesto a la población y al espacio un tipo de relación no propicia para la vida cotidiana y para el desarrollo económico. En efecto, según FLACSO/INESA, 2003 el mantenimiento al día de hoy de una zona no edificable de un kilómetro antes del límite oficial en pleno territorio haitiano proviene de una concepción militar, para poder observar eventuales movimientos de tropas.

En la parte dominicana, la región fronteriza cuenta con menos infraestructuras básicas que el resto del país. Por haber sido durante mucho tiempo un lugar de turbulencias, debido a las invasiones haitianas del siglo XIX y por ser un espacio colonizado bajo la dictadura de Trujillo, la zona fronteriza se caracteriza por una fuerte presencia militar visible en los puntos fronterizos y en las aduanas. Para muchos dominicanos, la región fronteriza es otro país.

Durante el período del embargo decretado por la Organización de Estados Americanos (OEA) contra el gobierno militar haitiano de 1991. El mercado dominicano constituyó el único medio de abastecimiento de los bienes de primera necesidad a través del contrabando organizado a todo lo largo de la línea fronteriza. Estas importaciones ilegales entre otras crearon solidaridades y costumbres en el abastecimiento que no fueron abandonadas con el fin de la dictadura y la normalización de la situación en Haití.

Asistimos hoy a un amplio desarrollo en los intercambios bilaterales, en particular del comercio. La marcha de la globalización y el empuje de las instancias internacionales en lo que respecta a la elaboración de proyectos conjuntos con miras al desarrollo, conducen a los dos países a un acercamiento. Es precisamente en la zona fronteriza donde se hacen palpables las nuevas tendencias y sus efectos estructurales.

La complejidad de la región fronteriza, la ausencia de estadísticas fiables y el desinterés general de las relaciones entre los Estados, ha ocultado en gran medida la realidad socioeconómica de los intercambios fronterizos, donde su crecimiento, junto a la presencia de cerca de un millón de haitianos o personas de origen haitiano en República Dominicana (dato sugerido por la Organización Internacional para las Migraciones en el año 2006), ha ocasionado que los investigadores se hayan implicado en la cuestión fronteriza en lo que se refiere a la particularidad en el contexto de la insularidad que comparten República Dominicana y República de Haití.

Por todo esto hacer un enfoque diplomático y político de la frontera dominico-haitiana en el contexto internacional, lleva a conocer la evolución de las preocupaciones coyunturales tanto de las elites como de las relaciones intergubernamentales. En consecuencia mientras perdure la extrema pobreza en Haití, ningún tratado fronterizo podrá impedir que los haitianos crucen la frontera, en lo que ellos perciben como la búsqueda de una mejor vida.

Por ALFREDO DE LA CRUZ

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