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La reelección ha lastrado la democracia dominicana durante los últimos cincuenta años

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foto de reelecion de candidatos loonel, balaguer, hipolitoSANTO DOMINGO (Rep. Dominicana).– Desde de la guerra de abril de 1965, hace medio siglo, el país solo ha tenido seis presidentes –sin incluir a Jacobo Majluta, que desempeñó el cargo solo por 40 días– en 13 períodos de gobierno, de los que nueve estuvieron encabezados por Joaquín Balaguer o Leonel Fernández, dos líderes que ejercieron el poder por 34 años gracias a la figura constitucional de la reelección y al afán de ambos por perpetuarse en el Palacio Nacional.

Balaguer ocupó la Presidencia durante seis períodos, incluyendo el último en el que le recortaron o regalaron –depende de los espejuelos con que se mire– dos años, en medio de la crisis poselectoral vivida a partir de mayo de 1994.

Ese año, José Francisco Peña Gómez, candidato del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), denunció un fraude en las urnas y obligó al viejo caudillo a pactar una reforma constitucional que prohibió la reelección y, además, a programar nuevas votaciones que se celebraron en 1996 con un sistema de doble vuelta en el que el ganador debía obtener el 50% más uno de los votos.

El expresidente Fernández, que parece seguir los pasos de Balaguer –cuyo apoyo lo llevó a la Presidencia–, ganó la votación que Peña Gómez soñó suya y encabezó el primer período de gobierno del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) entre 1996 y 2000. Gracias a la reforma constitucional de 2002 promovida por Hipólito Mejía –cuando estaba en la Presidencia y aún no había sido expulsado del PRD– retornó al poder en 2004 para agotar dos mandatos consecutivos.

Hoy, algunos ministros, como José Ramón Peralta o Gonzalo Castillo, se inclinan porque el presidente Danilo Medina siga los pasos de Balaguer, Fernández y del propio Mejía, que quiso quedarse en el Palacio en 2004 con la reelección y luego intentó retornar en 2012 en unos comicios en que resultó derrotado.

“En los momentos actuales la reelección no es mala per se”, dice el politólogo Belarminio Ramírez, militante del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) con reconocida cercanía a algunos dirigentes del oficialista PLD.

“Cuando los pueblos encuentran liderazgos que hacen aportes extraordinarios al desarrollo y bienestar colectivo, como sucede con Danilo Medina, comienzan a demandar la reelección como un derecho legítimo a ser gobernados por esos liderazgos eficaces”, sostiene Ramírez.

“Hipólito nos llevó a la derrota por el tema de la reelección”. (Ivelisse Prats Ramírez)

Si Medina sucumbe a la tentación de buscar los medios para una nueva repostulación no sería el primer gobernante de las últimas décadas que se compromete a no hacerlo y luego falta a su palabra, como sucedió con Mejía y Balaguer.

Ivelisse Prats
Ivelisse Prats

En su libro El grillo y el ruiseñor, historia electoral dominicana 1848-1986, Julio Genaro Campillo Pérez escribe que en la noche del 29 de marzo de 1974 Balaguer aceptó su postulación en un discurso televisado con el argumento de que se había visto obligado a variar una promesa que hizo en 1970 de “ser el último gobernante dominicano que se sucediera en el ejercicio del poder a sí mismo”.

El autor recuerda que el caudillo arguyó que entre los opositores no existía ninguna opción que asegurara la transformación nacional en el marco de la ley, ya que “un país pobre, en pleno inicio de su desarrollo, no puede darse el lujo de emprender las reformas requeridas por los nuevos tiempos en forma violenta y trastornadora”.

Errores del PRD

Entre 2000 y 2004 Mejía también se desdijo. Después de repetir hasta la saciedad que no buscaría la reelección, terminó dividiendo el PRD y promulgando una reforma constitucional solo con el objetivo de repostularse.

“Hipólito nos llevó a la derrota por la reelección, por eso combatí su decisión de reelegirse”, afirma Ivelisse Prats Ramírez, exdirigente del PRD que ahora milita en el Partido Revolucionario Moderno (PRM).

Por otro error histórico del PRD, cometido por el actual presidente de esa organización, Miguel Vargas Maldonado, el expresidente Fernández tiene posibilidades de retornar al poder, gracias al denominado “Pacto de Las corbatas azules” que llevó a una nueva Constitución promulgada el 26 de enero de 2010.

“La reelección es parte de una cultura, porque la reelección no está en el vacío. Como cultura encuentra un eco, una aceptación. Balaguer logra 12 años de gobierno, no solo en base a la fuerza de las bayonetas, sino porque hay un segmento popular que estaba de acuerdo con su permanencia en el poder”. (Wilfredo Lozano)

Fernández favorece la instauración en el país del sistema estadounidense que permite una única reelección a cada mandatario. Esto plantea la posibilidad de que si retorna al poder el próximo año, intente reformar nuevamente la Constitución con el objetivo de mantenerse en el Palacio Nacional hasta 2024.

El sociólogo Wilfredo Lozano reconoce en el sistema estadounidense un avance, pero recuerda que tuvo que evolucionar para llegar a ese punto. “Roosevelt (Franklin Delano) se reeligió tres veces y tuvo cuatro períodos de gobierno (entre 1933 y 1945)”.

“El problema es –añade– que desde la conformación misma del Estado dominicano hemos venido arrastrando esto de la reelección. En lugar de salir de Trujillo hemos reiterado su fantasma”.

Cuando Mejía intentó reelegirse en 2004, todas las condiciones le eran adversas. Un año antes había comenzado e una de las crisis económicas más profundas de las últimas décadas, provocada por un multimillonario fraude bancario, que provocó una rápida devaluación del peso dominicano frente al dólar y el aumento del número de personas que vivía en la pobreza. Al salir del poder en 2012, Fernández dejó un déficit fiscal de más de RD$153,000 millones, según cifras oficiales. Pese a ello, ambos líderes entienden que deben volver a dirigir los destinos del país.

Caudillos en los partidos

Un sistema electoral que permite la reelección –que se suma al control absoluto de unos cuantos líderes sobre los partidos– convierte a muchos políticos, sin importar su nivel de popularidad en las urnas, en verdaderos caudillos que dominan la escena democrática dominicana y no sacian su ambición de poder.

“Durante casi un siglo las elecciones en las repúblicas latinoamericanas fueron farsas utilizadas para legitimar a los tiranos o dictadores de turnos. Esa realidad hizo que la reelección fuera considerada por los pensadores liberales como una figura perniciosa para la democracia. Con el tiempo, en la medida en que la democracia se ha ido consolidando, la ciudadanía ha cambiado la percepción y valoración de la figura reeleccionista”. (Belarminio Ramírez)

Juan Bosch, que gravitó en la vida política dominicana desde la época de la dictadura de Trujillo a la que adversó desde el exilio, buscó la Presidencia por primera vez en 1962, año en el que ganó las elecciones en la boleta del PRD. Su gobierno de sólo siete meses terminó interrumpido por un golpe de Estado militar el 25 de septiembre de 1963.

Belarminio Ramírez.
Belarminio Ramírez.

En 1966 compitió con Joaquín Balaguer. Tras su derrota, el escritor y político “prefirió el campo doctrinario abrazando las ideas revolucionarias de corte marxista y combatiendo abiertamente el sistema de la democracia representativa, que tanto había defendido en sus largos años de exiliado”, afirma Campillo Pérez en “El grillo y el ruiseñor”.

Recuerda que Bosch “predicó y practicó” el abstencionismo electoral en 1970 y en 1974 y esbozó una doctrina que llamó “Dictadura con respaldo popular”. El escritor continuó dirigiendo el PRD hasta 1973, cuando renunció y fundó el PLD.

No obstante, en su dilatada carrera política se enfrentó infructuosamente contra Balaguer en distintas contiendas, pero corrió la misma suerte que su antiguo pupilo Peña Gómez, desde el PRD.

En 1978 se presentó como candidato por el PLD, obteniendo el 1.11% de los votos (18,375 sufragios), elecciones en las que Antonio Guzmán –del PRD y aliados– se impuso con un 52.36%.

La contienda de ese año llevó a la boleta electoral al dirigente de izquierda Narciso Isa Conde, del Partido Comunista Dominicano, quien pese a sus bajos resultados electorales ha insistido en buscar la Presidencia en varias oportunidades.

La dirigente del PRM Ivelisse Prats Ramírez recuerda: “Cuando Guzmán era presidente (1978-1982) yo era la presidenta del PRD. En esa época se formó el ‘Comité de amigos de Antonio Guzmán’, que incluía funcionarios, en pro de la reelección de Antonio, que acababa de cumplir un año de gestión exitosa”.

Cuenta que Peña Gómez, entonces secretario general del PRD, se encontraba fuera del país. “En esa época los organismos del PRD eran pequeños, manejables, no como ahora que son elefantiásicos, igual que los del PRM, y yo convoqué a la Comisión Política del partido, no creo que fuéramos más de 36 personas, y logré un rechazo formal del partido a la pretensión de reelegir a Antonio Guzmán”.

Asegura que al retornar al país, Peña Gómez respaldó su postura y convocó a una reunión más amplia del Comité Ejecutivo porque, según dice, la no reelección era un asunto de principios en el PRD, que lo había tomado de la revolución mexicana que pregonaba “el sufragio efectivo y la no reelección”.

Sostiene que Guzmán, al ver la fuerte oposición del partido desistió de su propósito y, antes de que su vida terminara en forma trágica, se inclinó por apoyar a Majluta y no a Salvador Jorge Blanco, quien al final resultó ganador de las primarias del PRD y las votaciones de 1982.

“Cuando Salvador, también en su entorno hubo el deseo de una reelección porque el problema de la reelección empieza en el anillo de los gobernantes. Aquí no hay servidores públicos: aquí hay áulicos, aduladores y quieren que se queden sus presidentes por las cuentas que tienen”.

Sin embargo, afirma que aunque sus aduladores propugnaran por una reelección, Jorge Blanco no la buscaría porque “era un hombre lógico” que cargaba sobre sus espaldas con la poblada de abril de 1984, que se produjo a raíz de la firma de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Un Balaguer, eterno…

El sociólogo Wilfredo Lozano advierte del lastre de la reelección en la democracia dominicana: “La dimensión negativa del fenómeno reeleccionista se extiende al nacimiento mismo de la República Dominicana. Entre la primera y la tercera repúblicas fue uno de los factores centrales de inestabilidad política. Incluso la cuarta república, que inaugura Horacio Vásquez, se derrumba y llega Trujillo al poder por la intención reeleccionista de este”.

Mientras, Belarminio Ramírez recuerda que “la reelección es una figura constitucional que estuvo vigente en la mayoría de las repúblicas latinoamericanas desde su nacimiento”. “Con el tiempo, fue satanizada debido a que estuvo asociada a regímenes políticos de escasa legitimidad democrática y limitada participación ciudadana”, añade.

Mantiene una postura “filosófica” frente al tema. “Los pueblos –dice– encuentran liderazgos extraordinarios y trascedentes que llevan a cabo procesos de cambio en beneficio de la colectividad, ninguna norma jurídica debe constituirse en una camisa de fuerza que imponga su retiro”.

Reconoce empero que “la reelección hace que el proceso renovador del liderazgo en los partidos y en la sociedad sea más lento”.

La carrera política de Balaguer certifica sus palabras. Nacido el 1 de septiembre de 1906, sirvió a la dictadura de Trujillo desde distintas funciones, incluyendo la de presidente títere entre 1960 y 1961. Luego del ajusticiamiento del tirano agotó un período de gobierno hasta 1962.

En las elecciones de ese año, Balaguer fue presentado como candidato por el Partido Revolucionario Dominicano Auténtico (PRDA), pero la Junta Central Electoral rechazó la postulación si bien permitió que la organización fuera a las urnas, en las que obtuvo 1,273 votos (0.12%), según datos compilados por el Observatorio Político Dominicano (OPD), de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode).

De regreso del exilio, Balaguer participa en las elecciones de 1966, cuando todavía permanecían en el país las tropas de ocupación norteamericanas, ganando contra Bosch. Inaugura entonces un régimen represivo que duró 12 años y que quiso extender más allá al postularse en 1978 y, aunque los resultados de la Junta Central Electoral (JCE) le atribuyen 43% de los votos, perdió de Antonio Guzmán.

“El apoyo castrense, especialmente de altos oficiales, a la candidatura del doctor Balaguer, se hizo muy visible en los últimos días de su campaña, al extremo de que vehículos militares desfilaron públicamente, llenos de insignias y banderolas “coloradas” mientras los soldados ocupantes entonaban loas y vítores a favor del Presidente de la República”, apunta Campillo Pérez en su libro cuando se refiere al contexto político en que pierde de su contendor perredeista.

Campillo Pérez relata en su libro: “El 28 de noviembre de 1966 fue sancionada una nueva Constitución de la República de corte muy similar a sus antecesoras de 1961 y 1962. La reelección presidencial fue permitida en el nuevo texto por razones de omisión al no ser prohibida expresamente. Esta fórmula por ‘omisión’ había sido consagrada por otras Cartas Magnas comenzando por la de 1908”.

Desde 1962 hasta que murió en 2002, Balaguer vivió medio siglo en el que ocupó la Presidencia o la buscó en las distintas contiendas electorales. Excepto en 1996, cuando dejó que la boleta del PRSC la encabezara Jacinto Peynado, debido a que la enmienda a la Constitución votada en 1994 prohibía la reelección.

En la segunda vuelta de las elecciones de ese año, Balaguer desplaza a Peynado cuando ofrece su apoyo al candidato del PLD, Leonel Fernández, mediante la conformación del denominado Frente Patriótico Nacional. En la primera, incluso, no acudió a las urnas a votar por su correligionario Peynado, algo que sí hizo por su nuevo pupilo.

Wilfredo Lozano
Wilfredo Lozano

La oposición que encabezaron Bosch y Peña Gómez durante décadas, e incluso Leonel Fernández en una etapa más cercana, acusó a Balaguer de manera sistemática de utilizar fondos del Estado y los militares para imponer su reelección.

Wilfredo Lozano afirma que “la figura de Balaguer tiene problema en 1978 porque realmente se le enfrenta un partido institucional fuerte”.

“Duró ocho años fuera del poder y solo los errores de la oposición lo llevaron de vuelta. Uno de los handicap centrales del modelo balaguerista era que dependía de una figura y al caerse la figura cae todo”.

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