APRENSIONES.- Lo malo de la indisciplina es que nunca se queda en un acto único, contagia y puede tener un efecto parecido a la chispa que enciende la pradera. La sobriedad del acto del pasado domingo tuvo su razón de ser en informes o aprensiones sobre posibles notas discordantes. La Comisión Organizadora se cuidó en salud, y al ser precavida, no tuvo que remediar. Un acto abierto se prestaba a componendas, a abucheos impensables, pero sobre todo a la competencia de aplausos que fue norma en las actividades del VIII Congreso. ¡A dónde ha llegado el PLD! Tiene su enfant terrible, una especie de Justin Bieber, y hay que evitar oportunidades y condiciones que le permitan salirse con las suyas. De manera que la juramentación de los nuevos miembros del Comité Central, y ya. Romper la taza y cada cual para su casa. Sin embargo, como en las mejores familias de Gascue, hubo su excepción: el discurso de cierre del presidente del partido. Cuando llegó el turno de  Leonel Fernández hablar, el maestro de ceremonia dejó ir su voz: “Que entren los periodistas…”…

¡QUÉ BONITO! .- Fue entonces cuando se produjo ese discurso del expresidente de “caballito valiente, que lleva la carga y no la siente”, en que la virtud del VIII Congreso y en particular de la elección de los miembros del Comité Central que se juramentaban, fue que no hubo vencidos ni vencedores. Nadie protestó su intento de echar agua al vino y consagrarlo en una misa de ateos, pues de eso se ocupan y se ocuparán durante un buen tiempo sus oponentes de fuera. Fernández es el mismo siempre, puro Dale Carnegie, el único autor de libros de ayuda que influyó varias generaciones. Dijo lo que suponía que sería agradable a la concurrencia. Solo que en esta ocasión su discurso fue subliminal, y de convencer, únicamente a los suyos. Los seguidores de Danilo Medina que estaban ahí sabían que si no hubieran despertado a  tiempo, su destino era el mismo del camarón que se duerme, que ñal decir del refrán– se lo lleva la corriente. El Jordán no solo se abrió para que pasara el pueblo de Dios. También para ahogar a los egipcios que perseguían a los judíos…

TROFEOS, AUSENTES.- Una de las cosas bonitas del acto del pasado domingo fue ver a los nuevos miembros del Comité Central exhibiendo con orgullo sus certificados de elección, como si fuera día de graduación en una de las universidades del país. Incluso algunos lo hicieron en las redes sociales. El PLD tomó de la Junta Central Electoral el ejemplo de entregar esos diplomas, y parece que fue buena la idea, pues fueron mostrados como trofeos. Y en verdad lo eran. La competencia fue dura y los ganadores tuvieron que pagar un alto costo, o en publicidad, o en propaganda, o en cabildeo. No afectó la actividad, pero le restó glamour la ausencia del presidente Danilo Medina, quien dedicó la jornada a cumplir con sus obligaciones de Estado. Al igual que el ministro de Educación, también miembro del Comité Político, participó en un tedéum y una ofrenda floral por el natalicio de Juan Pablo Duarte. Hubo otros ausentes, como Jaime David Fernández Mirabal, por la enfermedad de su madre, y Temístocles Montás, de quien no se dijo nada…

LO QUE RESTA.- El escrutinio en el PLD continúa. La juramentación de los nuevos miembros del CC no era lo último del VIII Congreso, como tampoco completar la matrícula del Comité Político. Falta seleccionar una miríada de dirigentes medios que llevan el peso del partido. Aunque interesa más lo del CP. ¿Se permitirá que los aspirantes se desborden en publicidad, propaganda y cabildeo como en el CC? Faltan reglas y debieran trazarse las pautas antes de que los caballos se desboquen. Si el gasto fue excesivo para el CC, hay que suponerse lo que sería para el CP. Aunque se sabe que el universo es menor: 625 compañeros, con un más alto grado de conciencia y menos necesidades. ¿Habrá reglamento o por lo menos un instructivo? Hacerlo tal vez llevaría tiempo y hay sectores que quisieran superar pronto esa prueba, pero ñclaro– sin  trauma. No obstante, vale recordar que en el PLD la votación es individual y secreta, y que las  planchas o las aclamaciones no tienen cabidas…

POR: ORLANDO GIL

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