El luto por Qasem Soleimani, comandante de la fuerza de élite Al Quds, de la Guardia Revolucionaria Iraní, ha sido el segundo funeral más grande de la República Islámica desde la muerte del Ayatolá Jomeini en 1989. Miles de personas, millones según las autoridades del país, entre quienes se encontraba el Líder Supremo, el Ayatolá Jamenei, asistieron a esa ceremonia para mostrar su profundo dolor por la pérdida del general.
«Como iraní que debe su seguridad a patriotas y valientes como el general Soleimani, me siento molesto por haberlo perdido», explicaba un asistente.
En el funeral se condenó el ataque estadounidense a Soleimani y se instó con cánticos a las autoridades para que se lleve a cabo un acto de venganza. La idea de futuras negociaciones o cualquier tipo de acuerdo con los Estados Unidos no parecía tener cabida en el discurso de los asistentes.
“Quiero que las autoridades laven la sangre con sangre y se venguen por lo que hicieron los americanos”, afirmaba otra asistente.




