Desde los tiempos bíblicos hasta el Holocausto nazi, al actual sufrimiento en el noreste de Nigeria y nuestra sala de emergencias local, el sufrimiento de los inocentes a menudo ha provocado la misma pregunta: ¿Dónde está Dios?
Cuando se trata del COVID-19, nadie puede culpar a Dios. Son las personas las que nos han metido en este desastre del coronavirus, y son las personas las que – con la ayuda de Dios-, nos pueden ayudar a curar un mundo mortalmente enfermo.
Estamos comenzando a ver cómo llegamos hasta aquí, y mientras lo hacemos, debemos tomar de nuestra propia medicina. Esa medicina es la verdad. Y no tenemos que mirar hacia los Cielos para encontrar la verdad en este caso.




