ALFREDO DE LA CRUZPara salvaguardar sus intereses particulares, proteger a sus aliados y desde su perspectiva corregir las injusticias, Estados Unidos por su condición de superpotencia hegemónica, se asigna el derecho de intervenir donde y cuando lo considere conveniente. Muchas veces estas intervenciones son de carácter militar. Es así que las acciones bélicas se han convertido en parte de la política exterior estadounidense. De ahí se desprende que en algunos lugares del mundo, las acciones políticas son obra del profesional y bien armado ejército estadounidense. No obstante, estar sometido de manera rigurosa a la supervisión del poder civil, se le ha traspasado el nuevo papel de responsable político.

Un ejemplo de la progresiva función política que realiza el ejército se manifiesta  con mayor énfasis en Oriente Medio. Los asuntos de seguridad han ocupado siempre un sitial muy importante en la estrategia estadounidense en esta región. Sin embargo, el ejército no participaba a manera decisiva en el proceso de definición de las políticas. Recientemente con la proliferación de los movimientos fundamentalistas violentos esta situación ha cambiado. Es por esto que algunos temen en el futuro las actuaciones estén determinadas por lo militarmente factible más que por lo políticamente deseable.

La política de Estados Unidos en Oriente Medio, luego de la Segunda Gran Guerra ha estado basada en tres supuestos principales: mantener el acceso al petróleo, preservar la seguridad de Israel y limitar la influencia de la Unión de República Socialistas Soviéticas (URSS). El acceso al petróleo y lo relativo a la seguridad de Israel, siguen siendo hoy motores de la acción política. Sin embargo el tercero ha dejado de ser uno de estos 3 supuestos. No obstante el presidente Vladimir Putin, Rusia ha venido a ser para Estados Unidos más que amenaza real, una molestia. Así desde el último trimestre del 2001, ha surgido como tercer pilar de la política estadounidense en la zona, la lucha contra el terrorismo.

Actualmente Estados Unidos no depende directamente de las importaciones de petróleo de los Estados del Golfo. Sin embargo el mercado del petróleo se integra a escala mundial, de manera que cualquier amenaza a los principales Estados del Golfo productores de petróleo y gas, lo que incluye a Irán e Irak, podría repercutir económicamente en todo el planeta. De ahí que el estrecho de Ormuz, el estrecho de Bab el Mandeb y el canal de Suez para el paso seguro de los barcos petroleros y los que transportan gas natural licuado (GNL) sigue siendo fundamental, sin importar que la carga vaya destinada a cualquier país.

Para Estados Unidos asegurar su acceso a la energía de esta región, ha mantenido unas excelentes relaciones con los países árabes del golfo. La invasión de Irak en el año 2003, dejó las relaciones con los países árabes afectada. Esto es porque la decisión de derrocar a Saddam Hussein sin consultarles, incluso, sin considerar las repercusiones para el resto de la región acabó con la seguridad en el Golfo, pues volvió inestable al único Estado de la zona con el necesario poder para actuar como contrapeso de Irán. Hoy día Irak es un país débil, dividido e inestable. Esto ha fortalecido la influencia del régimen iraní y ha cimentado sus ambiciones hegemónicas.

El hecho de Estados Unidos haber respaldado el derrocamiento de regímenes árabes en lo que fue llamado la Primavera Árabe motivó la indignación. Cuando los sirios se rebelaron contra el gobierno de Bashar al Assad, el único gobernante árabe del que los países del Golfo querían salir, la administración Obama no hizo en lo absoluto nada. De todos modos, estos países mantienen la esperanza de que Estados Unidos los proteja y que mantendrá la seguridad en la región. No obstante, se han transformado en aliados recelosos que dudan de la seriedad del compromiso estadounidense.

Preservar la seguridad del Estado de Israel es un compromiso tan sólido para Estados Unidos como su determinación de garantizar el acceso seguro al petróleo y el gas del Golfo. Sin embargo, mientras esto último tiene una necesidad económica, preservar la seguridad de Israel tiene un fundamento político. Esto es simple de entender, Estados Unidos no necesita una relación cercana con Israel para garantizar sus intereses en Oriente Medio. Al contrario la cercanía con Israel ha complicado todos los aspectos de la estrategia estadounidense en la región.

Las razones que en un principio justificaron la intervención de Estados Unidos en apoyo de Israel, hace rato que ya no son válidas. La renta per cápita de Israel  de 36,000 dólares lo convierte en un país rico. Por el otro lado la guerra fría terminó. Sin embargo, el principal factor que jalona en la actualidad a Estados Unidos a intervenir a favor de Israel es la política interna. Israel  dispone de grupos de presión incansables y muy bien organizados que se mantienen vigilando las posturas de los políticos en cuestiones importantes para el país y condenan a los que no respaldan su posición.

El esfuerzo de Estados Unidos por frenar el fundamentalismo Islámico y el terrorismo lo ha llevado a poner su atención en zonas que antes eran consideradas marginales a sus intereses. Es así como el Magreb cuya relevancia era menor, y la de la región del Sahel, pasan a tener preponderancia, ahora que el interés de Estados Unidos en esta zona se centra en poner detener al terrorismo. Así las cosas, la acción política se rige por principios militares.

La necesidad de combatir el fundamentalismo islámico violento, así como la amenaza que supone para Estados Unidos ha sido el argumento para en la segunda mitad del año 2014 intervenir en Irak y en Siria. Se recordará que en junio del 2014, una organización que se hacía llamar Estado Islámico de Irak y el Levante, salió del este de Siria y en el norte de Irak capturó la ciudad de Mosul. Es la toma de esta ciudad que lleva a la administración del presidente Barack Obama, a lanzar una nueva campaña ofensiva en Oriente Medio. Sin embargo las justificaciones para esta intervención, como otras que seguirían mas adelante fueron vagas, limitadas y defensivas. Lo que vino luego, ya lo sabemos.

Todo lo anterior, entre otras cosas, es lo que provoca que el presidente Obama hace pocos días haya pedido al Congreso estadounidense autorizar formalmente la guerra contra los extremistas del Estado Islámico. Todo esto indica que la lucha antiterrorista se mantendrá como uno de los pilares de la política de Estados Unidos, así como de sus intervenciones en Oriente Medio. Es poco probable que el fundamentalismo islámico violento desaparezca en un futuro próximo. Esto es debido a que no se trata de una organización, sino más bien de una forma de pensar, de una respuesta a los agravios, de un refugio para los marginados, y porque no, de la aspiración a un mundo mejor.

Es muy probable que organizaciones que hoy existen desaparezcan. Pero otros grupos aparecerán, pues los problemas que motivan su surgimiento permanecen ahí. De manera que el ejército de los Estados Unidos seguirá desempeñando un papel estelar en la acción política en Oriente Medio. Detener un movimiento tan violento como Estado Islámico, demanda una intervención militar. La guerra no se ganará con reformas políticas y económicas, tampoco reeducando a los combatientes, en los valores auténticos del Islam. Sin embargo, hay un problema, es más fácil avanzar una acción militar, que definir una estrategia política funcional. Sin embargo sin esta, la intervención militar no llenará su cometido.

Por ALFREDO DE LA CRUZ

Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here